No era una noche fría, dentro de ti. Era más que una sopa de calamar, de cría, de algo que aprendí, que ya no se donde lo guardé. Que no se de que color es tu mar. Que no puedes encenderlo, pero ya arde. Que no podías estremecerlo, pero nunca ya flota en ti mi parqué. Fue tan sencillo, tan fácil de conseguir, que soy yo el que me pillo, los dedo contra tu porvenir. Eras una pequeña niña, que no podía contar, que te saltabas a la comba, con tu riña, que no podías amar, porque te contaron que pusieron una bomba, en cierto lugar. Al ladito de mi corazón, por donde viajan tumores, sin solución, que no sabes lo que hacer, si reír o llorar, que no saben contar, del uno al treinta y tres, que no sabes lo que significa la palabra odiar, pero saben como usar, el verbo que tanto hacen practicar, eso que llaman matar, por tanto y tanto atar, sin dejar, nada descosido. Quizás tengas razón, cuando me dicen que estoy un poco ido, que me falta un aire, que no se lo que digo, pero bueno, tu corazón me entiende, y ellos dos se ríen de la gente, que por tanto criticar, no saben sumar, ni con los dedos de los pies. Tan fácil es llorar, que me cuesta ya pensar, como era mi despertar, a tu lado, a mi lado, a nuestro mismo besar, siguiendo un tono distinto del amanecer, ese que son las cuatro de la tarde, ese que no es porque quiero verte crecer, porque es mejor no estar enamorado, dejarte un poco con un dado, a ver si le encuentras solución. Porque esto nunca será, una buena canción. Porque estoy hasta los cojones, de tanto rodear, con los brazos, y pensar que no son lazos, lo que me atan, si no los que me abrazan. Que quiero querer tanto, que ya no puedo con tu llanto. Que no puedo verte mal, que me jode pensar, que esto no llegará jamás, a nada más. Que son tus gritos contra mis secretos al lado de tus pendientes. Que son tus retos, cerca de mis dientes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario